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Happening

Una vertiente más, como el Net-Art, efímera.

Agradecemos que hace unos días, recibimos unos comentarios acerca del concepto de arte y la posibilidad de que este se manifestara en el tiempo real del artista, cuestionándose si era necesario el paso del tiempo para su cristalización y valoración. Habiendo respondido ya a esa pregunta, comprendemos necesario hablar de otras vertientes, que ejemplifican algunos de los rasgos indiscutibles del arte; su posibilidad de perdurar en el tiempo (pasado, presente y futuro), o por el contrario, de ser efímero. El arte siempre nos hace pensar, ese es el fundamento de la cultura y la definición del ser humano. Pensemos pues, pero dejándonos llevar, despertando nuevas posibilidades, eliminando las barreras  y permitiendo el flujo natural.

Excerpt from Variations V, performed by the Merce Cunningham Dance Company, with choreography by Merce Cunningham, film direction by Stan VanDerBeek, and music by John Cage.

Según César Oliva y Francisco Torres Monreal, memorable y de gran significación fue la velada de John Cage, en verano de 1952, en el comedor del Black Mountain College, de Carolina del Norte. En ella, David Tudor interpretó la pieza Silencio 4’ 33’’. Con traje de etiqueta, el pianista, sentado ante su instrumento, se limitó a cerrar y abrir la tapa del piano para marcar los movimientos de la composición, sin tocar una sola nota. La música estaba formada por la respiración y las reacciones de los oyentes, los ruidos de la sala, y de los coches que pasaban por la calle, la lluvia en el tejado, el viento de los árboles. Otros números de la velada: actores, entre el público, colocado en el centro del comedor, recitaron otros textos; sobre el techo aparecieron proyecciones (el cocinero, el solo); Merce Cunningham improvisó una danza en torno al público; un perro lo siguió…

Al igual que algunas influencias recibidas por el Net-Art, si examinamos por separado cada una de las partes de estrambótica velada, así como su ensamblaje, advertimos que todo esto nos recuerda las síntesis futuristas, imitadas luego por los dadaístas. No obstante, el experimento tenía más bien carácter de invención en un tiempo en el que, consolidadas ya las vanguardias plásticas (como el body-art), confirmada la evolución de la nueva música y cuestionado tanto el texto como la conformación del teatro en su estructura espectacular, en su espacio de juego, en su relación con el público, todo tiene un carácter de gran seriedad y respeto.

Es cierto que se empezaba a tener conciencia del colectivo teatral, por tanto, había que tener en cuenta al destinatario del acto teatral. Hasta entonces, el espectador había sido mero receptor; nunca partícipe.

Sin embargo, integrar al público en el espectáculo era tarea compleja. Los primeros logros parten del happening americano, en el que, para que el espectador entrase en la obra, el emisor no debía presentarla como un todo acabado. Se pensó entonces, que lo importante no era el resultado, si no su proceso. El happening derivaba del action-painting o pintura en acción.

La alusión a Pollock es inevitable, que trabajaba con el ingenio y la espontaneidad del artista, con la posibilidad de poner siempre algo nuevo; un rasgo, en otro contexto, heredado por nuestros artistas de la red. Pero lo más importante era que, como esta pintura se presentaba abierta, ello incitaba al espectador a continuarla, lo que suponía el modo más perfecto de participación.

Teniendo como quizás, el referente de la primera obra de happening en el pintor Allan Kaprow, el happening supuso un esfuerzo confiado en poner al servicio de todos los hombres los recursos de la tecnología, haciéndolos conscientes por medio del arte –cine, danza, poesía, teatro, música-, de las riquezas cambiantes y múltiples de la existencia.

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